Roberto In Memorian

Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces

Roberto González Vázquez

1951-2011

roberto“Gracias a Dios no hemos tenido un gran éxito. Prefiero ser un grupo intergeneracional a internacional. Es algo más íntimo, más pequeño, pero más intenso. Prefiero nuestra tierra y aunque somos ciudadanos del mundo me inspiro más aquí.”

No se puede sintetizar mejor a Roberto y a Tabletom que parafraseando estas tres líneas del genial cantante. Roberto es Málaga brotando por cada uno de sus poros, mito y símbolo de generaciones de Rock libertarias, es leyenda, no ahora que se ha ido, eso sería una opinión simplista y mal intencionada pues leyenda fue siempre, malaguita, abandonado a sí mismo, con repuntes de dejadez absoluta que de pronto se torna en la más pura de las genialidades. De una brutal cultura escondida tras su zarrapastrosa imagen, tras la nube que le envolvía de la grifa, lo mismo podía mantener una conversación desde el más venático hasta con el más altivo personaje que 

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imaginarse pudiera.

Aquel que únicamente en su carismática presencia física nos fue arrebatado por presentidas notas con las que coqueteaba constantemente sin miedo al desafino, y 

desafiando ese sueño sin sueños con el que Napoleón definió la muerte, perdió la batalla.

Eternamente sonriente, sin trampa ni brujería, vivió la vida que gustaba libre y anárquicamente. Nuestro sin parangón trovador de la palabra se nos fue en un adiós presentido y resumante por las rendijas del alma, llevándose consigo un sinpar canto a veces a lo ininteligible, su estallido ingenioso que ha dejado en el paso de las décadas la impronta de su genio en su voz con su personal e irrepetible estilo de una ortodoxia muy sui géneris y por supuesto sin la menor duda de la agudeza que atesoraba.

Bajando del monte desde un horizonte llamado Andaluz, buscó y encontró la luz a su manera. Libre, vivió la vida que quiso, entre su gente, entre los suyos que éramos todos, que somos todos, y distinguió con un sello y un carácter único a algo más que un grupo de culto: Tabletom.

Te has ido querido amigo permitiéndote a ti mismo coquetear con el dicho de que nadie es profeta en su tierra, pues quebraste el molde con la admiración y aprecio de toda una ciudad de la que eres parte inseparable para los restos de los días. La Málaga del pescaito frito, del perchelero Rafalito Flores “El Piyayo”, del Guadalmedina, el Pan de Higo, el Chinitas de la desamortización, los canutos y las almensinas.

Y en estos momentos vienen a mi mente esos versos del maestro Juan Miguel y su genial compendio flamenco:

 

Lo grande y lo verdadero

no tiene patria ni dueño.

Yo soy libre cuando sueño

porque desprecio el dinero

y solo en soñar me empeño.

Hasta siempre Roberto.

Manuel Suárez

Otoño de 2013


 

«La piratería es legal porque el arte es gratis»

 

Acaba de celebrar 30 años sobre los escenarios con Tabletom. ¿Cuál es la clave para mantenerse tanto tiempo en la música?

No tengo la fórmula pero supongo que estamos ahí por la insistencia, la cabezonería, y con mucha suerte. Con inspiración y amor al arte.

Pese a que no han tenido lo que llaman un gran éxito tienen muchos seguidores y de todas las edades.

Gracias a Dios no hemos tenido un gran éxito. Prefiero ser un grupo intergeneracional a internacional. Es algo más íntimo, más pequeño, pero más intenso. Prefiero nuestra tierra y aunque somos ciudadanos del mundo me inspiro más aquí.

A veces el éxito se torna en el peor enemigo.

Las torres más altas caen más fuerte. A mí las alturas me marean. La muerte de muchos grupos ha sido eso, pegar un gran pelotazo y no poder asimilarlo. Entonces lo positivo se vuelve negativo.

¿Cómo nació Tabletom?

Un grupo de 'guiris' de Gibraltar necesitaba músicos y allí nos conocimos Perico, Pepillo -los hermanos Ramírez- y yo. Después de eso creamos Tabletom y hasta hoy.

¿Cómo definiría su música?

Lo nuestro es como un gazpacho, eso sí, malagueño, muy malagueño. Una mezcla de distintos productos: jazz, rock, reggae, sal marinera de Málaga y Cádiz. De todo para no aburrir. En la variedad está el gusto ¿no? Todo mezclado de forma que quede bien, en su punto.

¿Cómo fueron los primeros años?

Pues con mucha ilusión. Nos encanta la música, íbamos allí donde nos llamaban aunque no ganáramos dinero, eso daba igual. Nos encontrábamos con Kiko Veneno, los Pata Negra... Nos tomábamos nuestras copitas y éramos los reyes del mundo solo con eso.

No hace falta tanto para ser feliz.

No. Si tener tanto supone renunciar a la ilusión y a la alegría es un paso atrás para todo. Hay que recuperar la esencia, borrar lo superficial.

En los 70 vivía en una comuna en Campanillas, ¿no?

Sí, era cuando empezó Tabletom, contábamos solo con lo justo, lo necesario. Nos buscábamos la vida.

Tabletom ha sido pionero en la mezcla de estilos musicales.

Sí, nuestro primer disco ya aludía en el título a ello, 'Mezclalina', y además es un juego de palabras.

Su imagen le ha causado algún que otro problema para entrar en un hotel.

Sí. No sigo la moda usual, me visto como me da la gana. Mi estilo es medio pirata, medio 'hippy'. Una vez llegué al hotel y no me dejaban entrar. Iba con los pantalones rotos, indumentaria desaliñada, el 'hipismo' por bandera y las barbas de pirata. El portero parecía el almirante del Titanic y no creía que fuera el cantante del grupo... Y fíjate ahora se llevan los pantalones rotos, pero antes no.

Hasta en moda habéis sido pioneros.

Pues sí. En cierto momento estuvimos adelantados, éramos lo más raro que había.

En 30 años habéis mantenido un sonido propio pese a los cambios.

Sí, pero aunque no hayamos tenido la presión de una discográfica y siempre hayamos mantenido el sonido, nuestra música ha evolucionado. Ahora es más íntima y acústica, menos eléctrica.

Ustedes hacen lo que quieren.

Sí, yo prefiero la autenticidad que un gran éxito que significara que tuviéramos que hacer siempre lo mismo para seguir vendiendo. Eso rompería con nuestro sentido de investigar, de evolucionar.

¿Qué le parece la piratería?

Yo pienso que la piratería es legal porque la música, el arte, es gratis, al menos el auténtico, porque se hace para que todo el mundo disfrute con él. Todo lo que se vende se corrompe. La industria es la primera pirata. Ellos crean la ley y la trampa.

¿No le importa que le pirateen?

A mi me encanta que me pirateen, me gustan los piratas aunque no tengan barco, aunque lo perdieran en Trafalgar.

¿Se siente un pirata?

Sí y trabajito me ha costado, procurando estar dentro de la ley, pero pirata en busca de nuevos mares.

¿Cómo se definiría?

No sé. Como un poeta que no sabe escribir, un músico que no sabe música, pero sobre todo como un ser humano. Alegre pero a la vez triste. Alguien que llora porque se enamora y que procura enamorarse cada día.

En su leyenda solo figura un trabajo, aparte de la música, en un banco.

Sí. Eso fue antes de Tabletom. Trabajé un año en un banco. Bastante duré, lo hice por mi madre que quería lo mejor para mí. Pero terminé saturado, desde entonces tengo algo de rechazo al dinero. Como dice la copla, lo auténtico y verdadero no se compra con dinero.

*Roberto González / Malagueño de pura cepa / Alma y voz de Tabletom / Capitanea la mítica banda hace ya 30 años

Es conocido popularmente como Rockberto / En los 70 vivía en una comuna en Campanillas con sus compañeros de grupo

Su imagen le ha causado más de un problema para entrar en un hotel / Es amante de los juegos de palabras y de la poesía

Se identifica con la figura de un pirata / Sigue entonando 'Me estoy quitando'*

Entrevista de Carme Pérez publicada en Diario Sur

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